Ir al contenido principal

Destacado

Sábado santo en la mañana, desde San Isidro de Coronado 2026

La tradición católica de los Siete Dolores de la Virgen María representa un camino de profunda introspección espiritual que medita sobre el sufrimiento compartido entre una madre y su hijo durante la misión redentora. Esta devoción, que cobró gran fuerza en el siglo XIII gracias a la Orden de los Servitas, no solo busca conmover al fiel, sino también resaltar el papel de María como Madre del Redentor. En Costa Rica, esta advocación de la "Dolorosa" es fundamental en la identidad religiosa, manifestándose en altares barrocos y neogóticos que albergan imágenes de la Virgen con el corazón atravesado por siete puñales de plata, simbolizando cada una de estas etapas de su vida.   El primer dolor surge con la Profecía de Simeón durante la Presentación de Jesús en el Templo, un evento que marca el inicio de la angustia premonitoria de María. Simeón, al sostener al niño, anuncia que una espada de dolor atravesará el alma de la Virgen, revelando que su hijo será blanco de contradiccio...

Miércoles Santo desde San Isidro de Coronado - 2026


El Miércoles Santo representa un momento de transición profunda en la liturgia católica costarricense, marcando el fin de la Cuaresma y el inicio del Triduo Pascual. Históricamente, este día se asocia con la traición de Judas y la preparación de la Pasión, pero en nuestras comunidades se vive con una solemnidad particular que prepara el espíritu para los días más intensos de la semana. Es un tiempo de silencio reflexivo en los templos, donde los fieles suelen acudir al sacramento de la confesión, buscando una purificación interior que armonice con la limpieza y el decoro con que se preparan las imágenes sagradas que procesionarán en los días siguientes.



La costumbre de realizar las procesiones del Viacrucis es una de las manifestaciones de fe pública más arraigadas en el patrimonio cultural de Costa Rica. Esta práctica, que emula el camino de Jesús hacia el Calvario, se divide en catorce estaciones que suelen distribuirse a lo largo de las calles principales de los pueblos y ciudades. Durante el recorrido, la comunidad se convierte en un escenario vivo donde el arte de la imaginería colonial y neoclásica sale de los altares para encontrarse con el pueblo; el sonido de las bandas municipales interpretando marchas fúnebres y el olor al incienso crean una atmósfera evocadora que trasciende lo religioso para convertirse en un acto de identidad comunitaria.



Fotografías Eduardo A. Bolaños Vargas. Textos: IA de Gemini.

Comentarios